Durante toda mi infancia recuerdo, presidiendo el comedor en casa de mis abuelos, un Sagrado Corazón que había sido entronizado (los niños no sabíamos lo que era eso, claro, pero sólo la palabra ya nos indicaba algo importante). Por supuesto que para nosotros era un objeto intocable, no sólo por lo que era sino porque mi abuelo se había asegurado de ponerlo a una altura considerable, con lo cual sólo nos quedaba mirar y admirar la imagen y, sobre todo, esa enigmática y atractiva bola del mundo en azul celeste que nos hubiera encantado explorar con más detalle.
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domingo, 19 de julio de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Consola en verde gustaviano y espejo a juego.
Esta consola la
encontré en el mercado de antigüedades de Estremoz (os hablé de él en este
post)
y me costó 12 euros. Claro, que en el estado que estaba podía
incluso parecer un precio excesivo: las patas desencoladas, la
taracea dañada, faltas de madera por doquier…
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