Las navidades pasadas compré en Primark una vela de tres cabos que venía en una lata preciosa decorada en tonos azul cielo. La vela era perfumada y, como ya os comenté en una ocasión, a última hora de la tarde me gusta encender en mi casa dos o tres velas, porque suelo cocinar por las tardes y aunque pongo cuidado de mantener la puerta de la cocina cerrada es inevitable que escape olor al salón. Para no enfriar la casa abriendo las ventanas a esa hora enciendo unas velas que, además de aportar un aroma muy suave, purifican el aire y crean un ambiente muy acogedor. Y cuando llega el buen tiempo, que ya se puede tener todo abierto por las tardes, pues... las sigo encendiendo jaja, la costumbre y la calidez que trasmiten, que me encanta.
El caso es que, aunque tenía tres cabos, cuando éstos se acabaron todavía quedaban restos de cera, bastante además. Y me daba pena desperdiciarla.



