domingo, 22 de febrero de 2015

El Cortijo de Daimiel.


El fin de semana pasado estuvimos en Daimiel, viendo Las Tablas y los pueblos de alrededor. Era un viaje que teníamos ganas de hacer, pero que por estar relativamente cerca lo íbamos dejando y nunca encontábajos el momento. Aunque no era el mejor momento para ver Las Tablas de Daimiel, porque hacía frío (mucho frío) y las aves se dejaban ver menos, lo disfrutamos un montón y estuvimos casi solos en el parque (¡¡si es que hacía mucho frío!!), acompañados de Jesús, nuestro guía de Destinos Manchegos, lo cual fue un privilegio.




Nos alojamos en El Cortijo de Daimiel, un hotel rural muy cerquita del parque, que nos encantó sobre todo por la decoración. Muebles rústicos combinados con muebles antiguos y todo ello con algunos detalles muy originales de los que fui tomando nota.

Lo primero que llama la atención es el portalón de entrada, en madera maciza seguramente reproduciendo el original:



Esta puerta da acceso a un patio recorrido por un soportal con vigas de madera, con una fuente en el centro, y al que dan los servicios comunes del hotel, la recepción y el comedor de desayunos en el bajo, y el corredor de las habitaciones en el primer piso. Resultaba muy agradable la combinación de la pintura color añil con el blanco de la pared y la madera oscura; según nos explicaron al día siguiente ese color en la pintura de la parte baja de las casas se utilizaba para ahuyentar los mosquitos en verano (la vimos en muchas casas en los alrededores del parque). En invierno se usaba el sistema del ahumado: se llenaba la casa de humo para matar los mosquitos antes de que entrasen los moradores a dormir (¡qué vida tan dura y tan distinta a la nuestra, xD!).



La habitación que nos asignaron fue pequeña pero muy acogedora, y me encantó el detalle de los barrotes de las camas pintados (seguramente a mano):

El comedor de desayunos contaba con una chimenea enorme que estaba siempre encendida, haciendo que la estancia fuera muy agradable (igual que en la casa rural Valle de Mira, ¿os acordáis?). Me resultó muy original el respaldo de los sofás de mampostería: mimbres tejidos formando una única pieza.

Y un espacio que me pareció precioso fue la subida a las habitaciones: un pequeño distribuidor con este mueble de recibidor antiguo y una escalera de caracol junto al inmenso ventanal, del que se han conservado los postigos:

Y por último os dejo unas fotos de lo que ha sido el momento más esperado del fin de semana: el avistamiento de las grullas. Más de 3000 grullas volviendo a sus dormideros a la caída de la tarde, graznando con ese sonido tan característico y pasando por encima de nuestras cabezas en formaciones perfectamente estructuradas. Un auténtico espectáculo.

Esperando a las grullas. Os he dicho que hacía frio, ¿verdad?

Espero que os haga gustado el reportaje. No dejéis de visitar Las Tablas de Daimiel si tenéis oportunidad, es una verdadera joya de la naturaleza que se ha salvado de milagro y de la que ahora podemos disfrutar.

Besos.


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