domingo, 15 de marzo de 2015

Cambio radical de un revistero



      ¡¡No me digáis que no es un título peliculero el del post de hoy!! Y todo para contaros que he hecho mi primer trabajo en estaño, un material del que no he querido ni oir hablar durante mi “vida” de artesana.



      En realidad el estaño no es nuevo para mí (ese es el problema, claro). Hice mi primer trabajo en estaño a los ¡¡10 años!!. Era en 5º de E.G.B. (síii,Yo fui a EGB) y teníamos que hacer un marco completamente repujado de flores pequeñinas y con cuatro piedras azules en las esquinas para el día de la madre. Ni que decir tiene que el recuerdo de tal cosa era de pesadilla: las flores se rompían por empujar el buril más de la cuenta y por mucho que quisieras disimular el roto Dña. Manolita tenía un sexto sentido para descubrir la falta, por muy pequeña que fuese. Por supuesto llegó el día de la madre y el marco no andaba ni por la mitad (y la mitad que andaba estaba llena de agujeros). Y entonces nadie se cuestionaba si la temporalización de la actividad había sido la adecuada, si la edad era la apropiada… no, si el marco no estaba acabado en su momento es que tú eras una inútil y punto pelota.


      Así es que cuando estos últimos años veía a mis compañeras del taller haciendo verdaderas preciosidades en estaño es que ni me acercaba, me parecía que en cuanto agarrase un buril saldría Dña. Manolita de detrás de un armario a inspeccionar mi trabajo y descubriría una falta en el acto jajaja. 
 

      Pero como todo en esta vida, cuando las cosas se hacen en un momento de calma, con otra edad y otra madurez (y voluntariamente, claro) pues te das cuenta de que se puede disfrutar un montón trabajando este material. La maleabilidad del estaño (vuelta boca arriba-fondo duro, vuelta boca abajo-fondo blando y así un montón de veces) no es para las manos (y la cabeza) de una niña de 10 años, que está deseando que acabe la clase para ir a comerse la merienda de pan con cholocate mientras juega al pilla-pilla.


      Y una vez acabada la sesión de terapia (jaja) paso a enseñaros el trabajo que me ha tenido tan ocupada psicológicamente hablando. Este revistero lo compré hace más de 20 años y, al contrario de otros muebles que he decorado porque no me gustaban (como este escritorio) el revistero me gustó muchísimo, tenía un estilo colonial que me encantaba, mezclando la madera de la estructura con la fibra de los laterales.
     Pero los años y el uso han hecho que se deteriorase hasta un punto en el que era muy difícil restaurarlo. Además, ciertamente, me apetecía darle otro aspecto, más ligero, en un color más claro. Últimamente me pesan los muebles oscuros, prefiero los colores suaves, decapados, dan un aspecto mucho más alegre y acogedor, sobre todo en casas que la mayoría de las veces no son grandes.
    

 
     Los laterales estaban en tan malas condiciones que decidí sustituirlos y usándolos de plantilla corté dos piezas de DM para unir a la estructura, de forma que el revistero conservaría su forma original. 


Utilicé el color gris violeta de Mary Paint, que compré a Ana de El taller de las Artes Ana. En este caso decidí utilizar la pintura tal y como se publicita, sin lijar ni decapar previamente, únicamente una limpieza a fondo con jabón neutro a las partes que sobrevivieron del revistero original. Y os tengo que decir que me ha encantado, se agarra perfectamente pero es ligera, queda un acabado suave y uniforme.
El estarcido lo hice con una plantilla de Todo stencil y no la pinté, la dejé con el color blanco de la pasta. 

Y entonces fue cuando empecé a pensar que en la parte frontal le vendría bien un adorno, pero no acababa de encontrar nada que me encajase. Hasta que me rendí a hacer las dos palabras en estaño, Le Journal, puesto que va destinado a contener principalmente la prensa del fin de semana.

    
    Y sí, me ha encantado trabajar con el estaño. Aunque hace falta práctica, como cualquier aprendizaje manual, pero me ha parecido muy relajante, el ir moldeando poco a poco la lámina, ver cómo va cogiendo volumen... estoy deseando hacer otro trabajo con estaño para ir perfeccionando la técnica. Éste se lo dedico a mi maestra, que la pobre debió sudar intentando que aquella prole desmotivada hiciera algo más que agujeros en las láminas. ¡¡Cuántas veces me he acordado en estos días del dichoso marco con las piedras azules...jajaja!!.
    
    Pues ya tenemos el revistero listo para seguir cumpliendo su función otros veinte años, como mínimo. El tiempo dirá si entonces le podré dar otro cambio o lo tendré que jubilar definitivamente.
    Espero vuestros comentarios, que me encantan y me ayudan a ir mejorando día a día.

Besos.




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